Adiestramiento en inoculación de estrés


Definición

El adiestramiento en inoculación de estrés (AIE) está ideado para generar y desarrollar habilidades de afrontamiento, no sólo para resolver problemas inmediatos concretos, sino también para aplicarlo a dificultades futuras. Proporciona a los individuos y grupos una defensa activa o una serie de habilidades de afrontamiento que les permita abordar futuras situaciones estresantes.

El AIE no es una técnica aislada, sino un término genérico que se refiere a un paradigma de tratamiento consistente en un plan de adiestramiento semiestructurado y clínicamente sensible. Las operaciones concretas efectuadas durante el curso del adiestramiento varían, dependiendo de la población tratada. El AIE combina elementos de enseñanza didáctica, discusión socrática, reestructuración cognitiva, resolución de problemas y entrenamiento en relajación, ensayos conductuales e imaginados, autorregistro, autoinstrucciones y autorreforzamiento, así como intentos de lograr cambios del entorno.

En ciertos aspectos el AIE es análogo a los conceptos de inoculación médica contra ciertas enfermedades biológicas y a la inmunización respecto del cambio de actitud. De manera similar a la inoculación médica, el AIE se propone suscitar “anticuerpos psicológicos”, o habilidades de afrontamiento, y reforzar la resistencia mediante la exposición a estímulos que sean lo bastante fuertes para suscitar defensas sin que sean tan poderosos que las venzan. De esta manera, el paciente puede (a) desarrollar un sentido de recursos aprendidos gracias a su experiencia con éxito al afrontar unos niveles plausibles de estrés, y (b) hacerse con una defensa prospectiva compuesta de habilidades y expectativas positivas que le ayudarán eficazmente en situaciones todavía más estresantes.




De manera más específica, el AIE está diseñado para:

  1. Enseñar a los pacientes la naturaleza transaccional del estrés y el afrontamiento.
  2. Adiestrar a los pacientes para que autocontrolen pensamientos, imágenes, sentimientos y conductas a fin de facilitar interpretaciones adaptativas.
  3. Adiestrar a los pacientes en la resolución de problemas, es decir, definición del problema, consecuencias, previsiones, toma de decisiones y evaluación de los resultados.
  4. Modelar y reproducir las actuaciones reales, la regulación de las emociones y las habilidades de afrontamiento propias del autocontrol.
  5. Enseñar a los pacientes la manera de utilizar respuestas desadaptadoras como señales para poner en práctica sus repertorios de afrontamiento.
  6. Ofrecer prácticas de ensayo in vitro imaginado y conductual y asignaciones graduadas in vivo, cada vez más exigentes, para fomentar la confianza del paciente y la utilización de sus repertorios de afrontamiento.
  7. Ayudar a los pacientes a adquirir conocimientos suficientes, comprensión de sí mismos, y habilidades de afrontamiento que les faciliten mejores maneras de abordar situaciones estresantes esperadas e inesperadas.



Población y campos de aplicación




Problemas relacionados con la cólera

Adultos y adolescentes con problemas para controlar la cólera

Padres que maltratan a sus hijos

 

Problemas relacionados con la ansiedad

Ansiedad ante los exámesnes

Ansiedad interpersonal y en las citas

Ansiedad por tener que hablar en público

Ansiedad ante un rendimiento personal (musical, literario etc.)

Ansiedad ante la transición a la enseñanza media

Ansiedad de los adultos que entran de nuevo a la universidad

 

Problemas relacionados con temores circunscritos

Fobias múltiples a animales

Miedo a volar

Prevención de temores en niños y adultos

Reacciones generales de estrés

Residentes en comunidades que experimentan estrés

Pacientes de centros comunitarios de salud mental

Pacientes neuróticos sometidos a tratamiento agudo en centros hospitalarios

Pacientes ambulatorios

Mujeres bajo asistencia pública


Individuos de tipo A

Estudiantes de enfermería

Psicólogos escolares

Maestros

Funcionarios de policía

Funcionarios de libertad condicional

Reclutas militares

Paracaidistas

Instructores de marina

Submarinistas

Control del estrés en atletas

 

El programa de AIE se ha aplicado como tratamiento y prevención a una amplia variedad de poblaciones, clínicas y no clínicas. El AIE se ha aplicado a individuos, parejas y grupos, y su duración ha variado desde una hora, en pacientes a punto de ser intervenidos quirúrgicamente, hasta sesiones de cuarenta horas administradas a pacientes psiquiátricos o con problemas clínicos crónicos, como dolor en la espalda. En la mayoría de los casos, el AIE se compone de doce a quince sesiones, más algunas sesiones de consolidación y seguimiento espaciadas en un período de seis a doce meses. Como es evidente, la manera de dirigir las tres fases del AIE (conceptualización, adquisición de habilidades y ensayo, aplicación y consolidación) varía según la longitud del adiestramiento y la naturaleza de la población.

 


Fases de aplicación

1 Fase de conceptualización

La fase inicial de conceptualización del AIE constituye aproximadamente de una sexta a una tercera parte del adiestramiento, tanto si éste consiste en una hora de preparación para pacientes que han de someterse a una intervención quirúrgica o en veinte sesiones para pacientes aquejados de dolor. En esta fase se lleva a cabo la obtención de los siguientes objetivos:

1. Establecer una relación de colaboración con el paciente y otras personas importantes para éste, cuando sea conveniente (por ejemplo, el cónyuge).

2. Comentar los problemas y síntomas del paciente, centrándose en un análisis de la situación.

3. Recoger información en forma de entrevistas, cuestionarios, procedimientos de autocontrol, técnicas basadas en las imágenes y evaluaciones conductuales. El AIE se inicia normalmente con una entrevista semiestructurada y adaptada a la población específica. Como es evidente, la manera en que uno estructura la entrevista con un paciente que ha padecido un desastre será distinta a la de un hombre de negocios de tipo A que no ve que tiene un problema relacionado con el estrés.

4. Evaluar las expectativas del paciente con respecto a la eficacia del programa de adiestramiento y formular planes de tratamiento, estableciendo objetivos a corto, medio y largo

plazo.

5. Instruir al cliente sobre la naturaleza transaccional del estrés y la manera de hacer frente al problema; considerar el papel que juegan las percepciones y las emociones en la producción y el mantenimiento del estrés.

6. Ofrecer un modelo conceptual o una reconceptualización de las reacciones de estrés del paciente.

7. Prever y asumir la posible resistencia del paciente y los motivos por los que no se adhiere al tratamiento.

Antes de considerar las etapas concretas para lograr estos objetivos, es preciso comentar brevemente el importante papel de la relación entre paciente y terapeuta, así como la naturaleza del estilo de este último.

 

2 Adquisición en habilidades y fase de ensayo

El objetivo de la segunda fase del AIE es asegurar que el paciente desarrolle la capacidad de ejecutar efectivamente las respuestas de afrontamiento. Como en la fase anterior, se considera al paciente como un colaborador en este empeño. ¿Qué sugerencias hace el paciente sobre las maneras de reducir y evitar el estrés? ¿Qué intentos del paciente en el pasado salieron bien o fracasaron? El propósito de estos sondeos es aprovechar las actitudes y expectativas del paciente sobre los procedimientos específicos para controlar el estrés. Por ejemplo, los pacientes pueden indicar que han intentado la relajación, la asertividad, no pensar en un acontecimiento estresante o mantenerse ocupados. Sin embargo, nada de eso surtió efecto. Mientras el paciente describe tales esfuerzos de afrontamiento, el terapeuta le escucha y sondea variables como el tipo específico de afrontamiento, los criterios usados para el éxito, la duración y tiempo de los esfuerzos, las reacciones ante los fracasos, etcétera. En una palabra, una directriz central en esta segunda fase del adiestramiento es que el terapeuta evalúe repetidamente el diálogo interno del paciente sobre cada procedimiento. Es importante para el terapeuta tener información sobre las actitudes y expectativas del paciente ante cada técnica particular de adiestramiento que se presenta. Si los pacientes mantienen una actitud negativa o dudosa acerca de un elemento del plan de adiestramiento, es posible que disminuya la credibilidad de todo el programa y aumente la resistencia y la no adhesión. Una vez que el terapeuta aprecia las preocupaciones del paciente, puede preverlas e incluirlas en la exposición razonada de cada habilidad de afrontamiento. Las habilidades de afrontamiento que se enseñan varían con la población específica y con los objetivos del adiestramiento. El repertorio de afrontamiento se adapta a las necesidades de la población específica. Por ejemplo, el adiestramiento AIE de pacientes con dolor podría incluir el adiestramiento del control de la atención, mientras que, para los pacientes que han de controlar la cólera, las habilidades de comunicación pudieran ser las más adecuadas. En el caso de víctimas, los procesos de rechazo podrían ser útiles al principio del adiestramiento, complementándose con la resolución de problemas y la reestructuración cognitiva en una etapa posterior.

El objetivo es constituir un repertorio de afrontamiento flexible y trabajar con los pacientes en colaboración, a fin de seleccionar, poner a prueba y evaluar los méritos de los diversos métodos de afrontamiento. Las técnicas de afrontamiento que han de enseñarse son las que Lazarus y Launier (1978) llamaron técnicas instrumentales (centradas en el problema) y paliativas (regulación de la emoción). Incluidas en el afrontamiento instrumental hay técnicas como la recogida de información, la resolución de problemas, el adiestramiento en comunicación y habilidades sociales, el control del tiempo, los cambios de estilo de vida, tales como la nueva evaluación de prioridades, los apoyos movilizadores y los esfuerzos de acción directa destinados a cambiar las exigencias del entorno o alterar situaciones y transacciones estresantes.

Las habilidades instrumentales de afrontamiento están adaptadas a las necesidades y las exigencias del entorno de una población específica. Por ejemplo, los padres estresados podrían recibir un adiestramiento específico en habilidades parentales. En tales casos, puede ser valioso el adiestramiento en unas técnicas pertinentes mediante modelamiento, práctica e información sobre los resultados (feedback), inicialmente en la clínica o el laboratorio y luego gradualmente in vivo. Bajo el afrontamiento paliativo se incluye una serie de técnicas pensadas para aliviar la desazón y fomentar la regulación de las emociones. Las técnicas paliativas incluyen la adquisición de perspectiva, por ejemplo, hacer comparaciones sociales y buscar significado, el desvío de la atención, la negación, la expresión de afecto y el adiestramiento en relajación. Estas técnicas de afrontamiento son más pertinentes cuando una situación estresante o aversiva no puede ni alterarse ni evitarse (por ejemplo, una enfermedad que pone en peligro la vida o haber sido una víctima).

 




3 Fase de aplicación y consolidación

Los objetivos de la tercera fase del adiestramiento son estimular a los pacientes para que pongan en práctica respuestas de afrontamiento a las situaciones de la vida diaria y acrecienten al máximo las oportunidades de un cambio generalizado. El terapeuta avanza por etapas, induciendo in vitro y gradualmente in vivo pequeñas cantidades manejables de estrés. La transferencia no se deja al azar ni se espera que las habilidades de afrontamiento que se practicaron en la clínica se generalicen automáticamente en el mundo real. Es preciso superar los viejos y bien establecidos hábitos de respuesta y las expectativas del paciente. Para lograr estos objetivos, el terapeuta puede emplear una variedad de técnicas, entre las que figuran el ensayo imaginado, el ensayo conductual, la representación de papeles, el modelamiento y la práctica graduada in vivo. Las técnicas específicas pueden adaptarse a las necesidades de cada población.

Prevención de recaídas

Debe hacerse mención especial del importante concepto de prevención de recaídas en el AIE. Marlatt y Gordon (1984) han elaborado un método de tratamiento para trabajar con alcohólicos, drogadictos y fumadores. Un aspecto central de su adiestramiento es ayudar a los pacientes para que aprendan a identificar y tratar con éxito los factores que podrían contribuir a la recaída. Por ejemplo, en el caso de los alcohólicos, se pone el acento en las situaciones de alto riesgo en las que tienen tentaciones de beber y en las habilidades específicas conductuales y cognitivas necesarias para afrontar tales tentaciones. El adiestramiento está diseñado para anticipar y asumir las reacciones que probablemente tendrán los pacientes cuando violen la abstinencia, y enseñarles cómo pueden planear actividades de afrontamiento antes de que se produzcan tales estresores. El trabajo con adicciones indica que no se trata de que los pacientes se detengan por sí mismos, sino de mantenerlos apartados de la sustancia adictiva. Más aún, si los pacientes retroceden, el objetivo del adiestramiento para la prevención de recaídas es asegurar que no vuelvan a su nivel anterior. Cuando los pacientes violan la abstinencia, el adiestramiento se centra en sus reacciones, por ejemplo, “si eres alcohólico una vez, ya no puedes dejar de serlo”, “mira, de todos modos vamos a morirnos, así que dame un cigarrillo”, “sabía que este programa no funcionaría en mi caso; ¿para qué molestarme?”. El concepto de prevención de recaídas es tan pertinente en el campo del control del estrés como en el tratamiento de las adicciones. En ambos casos, la manera como los pacientes interpretan un desliz, un fracaso o una recaída es esencial. Si el paciente interpreta el desliz como una prueba de su inadecuada eficacia personal, esta interpretación puede socavar los posteriores esfuerzos de afrontamiento. El paciente podría inferir que no es realmente capaz de manejar los estresores, y abandona. Para reducir este riesgo, los terapeutas de AIE estimulan a los pacientes para que prevean los fracasos y contratiempos y les hacen ensayar cómo responderán a esos lapsus. Marlatt y Gordon han llegado a sugerir que el tratamiento incluya experiencias planificadas de fracaso (recaída programada), a fin de desarrollar unas respuestas de afrontamiento apropiadas y establecer una sensación de eficacia personal ante tales deslices.

Consolidación

La última fase del AIE es la de consolidación, o extensión del adiestramiento en el futuro. El paciente y el terapeuta no deben considerar el programa de adiestramiento como un fin en sí mismo, sino más bien como el paso a una fase diferente. En la mayor parte de los programas de AIE se ha introducido en el plan de adiestramiento alguna clase de sesiones de seguimiento o refuerzo. Normalmente, el adiestramiento va disminuyendo y las últimas sesiones tienen lugar cada dos semanas en vez de ser semanales. De esta manera, el adiestramiento no finaliza bruscamente, sino que las sesiones disminuyen durante un periodo de transición. Las sesiones de seguimiento y refuerzo pueden tener lugar cada 3,6 y 12 meses, como un incentivo para los pacientes y a fin de perfeccionar las habilidades de afrontamiento y solucionar las posibles dificultades que vayan surgiendo. El terapeuta también les dice a los pacientes que «la puerta está siempre abierta» en caso de que tengan dificultades. La mera mención de la disponibilidad de esa ayuda podría bastar para fomentar habilidades de afrontamiento. Iniciar el contacto debe considerarse como una respuesta adaptativa de afrontamiento. Al considerar el uso de las sesiones de refuerzo, es importante recordar que la naturaleza de los problemas del paciente puede cambiar con el transcurso del tiempo. Junto con la mejoría, también pueden producirse cambios en las expectativas de las personas de su entorno. Los acontecimientos estresantes que motivaron el adiestramiento del paciente no serán probablemente los mismos que aquellos con los que se enfrente en la etapa de seguimiento. También es importante definir y acordar planes para después del adiestramiento. Formando parte de esos planes, el terapeuta y el paciente deberían explorar la manera en que éste determinará si necesita más ayuda. Una revisión con los pacientes de lo que han aprendido en el adiestramiento y cómo han cambiado, desde la fase anterior al adiestramiento, puede contribuir a crearles sentimientos de eficacia y competencia. Los pacientes pueden comentar acontecimientos actuales y prever otros que podrían ser problemáticos y estresantes. El objeto es ayudarles a darse cuenta de que tienen planes y habilidades para afrontar los acontecimientos estresantes.



Ejemplo de caso curado con inoculación al estrés








Referencias


Meichenbaum, D. (1987). Manual de inoculacion de estrés. Universidad de Waterloo.  Ediciones Martínez Roca, S. A.

Fernández, A, [PSY MIND con Ps Aldo Fernandez] (29 de junio de 2021). Caso curado con inoculación al estrés- parte 1, 2 y 3 [Archivo de video] Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=NQRladbgf5c&t=2s
https://www.youtube.com/watch?v=a-GbV6KT_5I
https://www.youtube.com/watch?v=KEj7ThV8ODM&t=536s


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